En medio de este cronicón de Ferias que, a lo tonto, estoy montando por estos lares, nunca viene de más una pequeña referencia cinéfila, porque, amigos míos, ayer volví a creer.
Basta con volver la vista atrás para darse cuenta de que el cine se cae a pedazos, no solo por todo aquello relacionado con la piratería y las cuantiosas pérdidas de dinero sufridas por más de una productora ante el cada vez más frecuente fracaso de muchas de sus "películas-estrella" de la temporada. No es difícil perder la fe en la industria que, nos guste o no, manda en el séptimo arte; sin embargo, de vez en cuando, alguien pone los cojones encima de la mesa y, en medio de un mes completamente abarrotado de 'blockbusters' -Iron Man, Speed Racer...- decide estrenar el film más sencillo del mundo, una película de acción de poca monta... y logra superar sin problemas a esas ambiciosas ofertas destinadas a reventar taquillas mostrándose, por lo demás, bastante insatisfactorias. Sentencia de muerte, de no ser por el inminente estreno de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, podría haberse convertido sin problemas en la gran película de este mes. Película de venganzas a la vieja usanza, que nos consigue devolver, a golpe de estética y guión, a los tiempos en los que Charles Bronson campaba a sus anchas por taquilla con películas tan inapropiadas -tachadas por muchos de "fascistas"- como Yo soy la justicia.
Sentencia de muerte se basa en una novela del mismo autor que la original en la que se inspiró la película de Charles Bronson, que a su vez es la secuela imaginaria -misma temática, diferente contexto y personajes- de Yo soy la justicia. En efecto, este nuevo film sigue esos derroteros, de nuevo mostrando como un ciudadano de lo más normal cambia completamente de la noche a la mañana tras el asesinato de su hijo a manos de un joven cuyo único objetivo era entrar a formar parte de una banda urbana. Al considerar insuficiente la pena que la Ley puede imponerle, el padre de la víctima decide no declarar en el juicio, tomándose, de este modo, la justicia por su mano. No obstante, esto desencadena una reacción por parte de la banda a la que pertenece el joven, y el padre -extraordinariamente interpretado por el gran Kevin Bacon- verá como el resto de su familia es amenazada.
Producción sencilla, con una estética más propia de un 'revival' que, no obstante, llega a tomarse en serio un algo incongruente guión que, de primeras, habría sido imposible de dirigir en manos de otro director que no fuese el asiático James Wan, jovencísima promesa destinada a reinventar buena parte de los géneros que despuntaron en los setenta y ochenta, como ya han demostrado sus notables dos incursiones en el género de terror: la efectiva y sorprendentemente taquillera Saw, y la curiosísima e incomprendida Silencio desde el mal. Tal vez el principal problema de la película se encuentre en su algo insuficiente libreto, bien adaptado en lo que se refiere al contexto donde se sitúa la acción, pero poco original en cuanto a la necesidad de ideas que pide el filme para ser verdaderamente compacto. Por suerte, la realización es impecable. Wan no para de homenajear tanto al precedente cinematográfico de Sentencia de muerte como al suyo propio, mostrando una plasticidad realmente desagradable en lo referido a la crudeza de buena parte de las escenas de acción. Gran detalle el de la fotografía, más pálida conforme avanza la trama y en constante "armonía", por así decirlo, con lo que se ve en pantalla y se relata.
Destacable su tramo final, el mayor desafío a la hora de trasladarlo a la película. Wan logra que el mensaje -que a más de uno le parecerá harto discutible- ahonde en el espectador sin que este lo tome a broma macabra, tirando de diálogo a través de una operística y larga escena final, que se abre desde el propio momento en el que un envejecido John Goodman -en cartel desde la pasada semana con Speed Racer- proporciona armas a Bacon, y culmina brillantemente en una especie de iglesia derruída. La maravillosa puesta en escena y un escalofriante plano final cierran una película quizá algo "peligrosa" en sus planteamientos pero verdaderamente bien ejecutada.
En cuanto a los controvertidos últimos segundos, decir que, en realidad, aunque no llegue a mostrar el destino del personaje de Kevin Bacon, dejan claro que la película, en general, gira en torno a una gran venganza y no a los personajes implicados en ella. Tampoco vemos "ciertas" defunciones pero, no obstante, Wan lo sabe dar a entender perfectamente, tal como hicieron los hermanos Coen en determinados momentos de su obra maestra No es país para viejos.
No hagan caso al injustísimo vapuleo que está sufriendo la película en lo que a crítica se refiere. Sentencia de muerte es la mejor película que no has visto este mes. Que no te eche atrás un título muy poco pegadizo -a pesar de ser una traducción literal, Death Sentence suena muchísimo mejor- y un eslogan a lo Dostoievski -"Crimen. Castigo."- frente al original "Protect What's Yours" ("Protege lo que es tuyo"). El viejo Kevin Bacon tiene razones suficientes para merecer una oportunidad.
De las imprescindibles de este año, y sin duda la gran sorpresa del curso, junto a las estupendas This is England y La sombra del cazador.


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