jueves, 1 de mayo de 2008

Muchas cosas que decir y poco tiempo para escribir

He aquí otro 'post' sin temática clara, obvia muestra de que no me sobran las horas y que a veces debo escribir más de la cuenta para suplir los constantes parones con los que les castigo, mis insobornables fans.
Primer punto: sí, ya he visto Iron Man. ¿Qué quieren que les diga? ¿Que sus primeros veinte minutos son una maravilla? ¿Que la secuencia de los kazaas hizo que se me cayera la baba? ¿Que ese divertimento para púberes de nombre Spider-Man 3 es una mariconada a su lado? Perogrulladas, perogrulladas. Además de reiterar todo lo dicho, Iron Man es un sólido y sobradamente esperanzador inicio de la que -seguro- se convertirá en una de las franquicias más rentables de los próximos años. ¿Quién quiere a Peter Parker teniendo a Tony Stark? Igual que, con la segunda entrega de la, hasta la fecha, trilogía del hombre araña, el otrora genial Sam Raimi consagró un interesante -aunque menos vertiginoso- modo de tratar el nuevo cine de superhéroes, estudiando ante todo la posición del personaje principal ante las adversidades planteadas -estilo que no volvería a funcionar tan bien, ni siquiera bajo la mano del "jefe de todo esto", Bryan Singer, en Superman Returns; ni en la lamentable Spider-Man 3-, Jon Favreau bebe de los últimos grandes 'hits' del género para revitalizar unas cada vez más deplorables adaptaciones "marvelitas", elaborando una película fresca, eficaz, jovial... pero con el denominado "síndrome de las primeras partes" llamando a su puerta a cada minuto. Favreau emplea demasiado metraje en contarnos la gestación de la armadura, la situación del personaje (sí, "quien-vosotros-creéis" es El Mandarín) y en las bromitas de Stark, la mayoría de ellas resultonas gracias al excelente trabajo de Downey Jr., pero no por ello suficientes para que la película mantenga un ritmo uniforme. Así pues, tenemos un arranque demoledor, brillante, con la portentosa "Back in Black" de AC/DC atronando los altavoces de la sala, y toda una declaración de intenciones con respecto a lo que está por venir. No obstante, llegados a cierto punto, se echa en falta la presencia de un guión más consistente que sepa desarrollar de una forma mucho menos rocambolesca e inverosímil el enfrentamiento entre Stark y los terroristas, y que únicamente parece esforzarse en encontrar la complicidad del espectador para, una vez alcanzado el clímax final, descargar toda la artillería pesada (efectos especiales, CGI...) e impresionar con cuatro piruetas de no tan aficionado. Muchos guiños, algún diálogo bien escrito, pero habrá que esperar a la secuela (o a una nueva Los vengadores) para poder valorar los verdaderos logros conseguidos por esta satisfactoria primera adaptación del personaje. Advertencia: los créditos son largos, pero tras ellos hay una jugosísima recompensa.
Segundo punto: fans de Lost, salgan de sus cuevas y díganme si hemos visto el mismo capítulo. "The Shape of Things to Come" es el episodio que justifica porqué "Eggtown" o "Meet Kevin Johnson" han ofrecido tan poco. No es Desmond todo lo que reluce, y, de nuevo, uno de los tándems más eficaces del equipo de guionistas (el mismo que escribió esa locura llamada "Confirmed Dead") sorprende con uno de los episodios mejor escritos y más satisfactorios de toda la serie. Pocas veces la presencia del ya mítico humo negro ha sido tan bestial como en este capítulo. ¡Nunca antes lo había sido! Ben vuelve a erigirse como el personaje más interesante de la nueva temporada -por encima de "nuestro común amigo" escocés-, y del 'flash-forward' nada que decir. Sin palabras para el puñado de secuencias más jugosas que hemos visto en meses. Y, ojo, que es difícil no darse cuenta de quién es Charles Widmore. No diré nada, porque no me gusta 'spoilear' al personal, pero sus palabras finales son de lo más reveladoras.
Tercer punto: definitivamente, tanto Extremoduro como Judas Priest parecen haberse propuesto, como objetivos directos, hacer historia en dos de los regresos más esperados por todo amante del género que se precie, y los avances que han dado en Internet con las piezas centrales de sus nuevas obras son más que esperanzadores. En el caso de Robe Iniesta y los suyos, la cosa parece clara. Todo lo que no tuvo el decepcionante -aunque, musicalmente, nada desdeñable- Yo, minoría absoluta, ya lo entrega en cantidades industriales la "Dulce introducción al caos" que abrirá La ley innata, el nuevo disco de la banda que repetirá el formato utilizado en Pedrá: allá por 1995, fue con una única canción de más de media hora con la que Extremoduro se pasó, una vez más, por el forro, los convencionalismos del "nuevo" rock nacional. Ahora, estamos de nuevo ante un solo tema, de 42 minutos y 7 segundos de duración, pero esta vez dividido en seis pistas para hacerlo más accesible. En cuanto a Judas Priest, no hay adjetivos con los que calificar su potentísima "Nostradamus", canción que, al parecer, se erigirá como pieza central de su doble álbum homónimo. Nueva burrada de uno de los grupos por excelencia del 'heavy metal' universal, que vuelve a atacar al oyente con sus incontestables solos guitarrrísticos y una interpretación impecable, así como una composición que obra el milagro definitivo, devolvernos a los años dorados de la banda. Puede que, a fin de cuentas, más de uno nos equivocáramos desterrando a Judas Priest antes de tiempo. Motivos nos sobran para creer en Nostradamus.
Y hasta aquí este "brevísimo" artículo de opinión, o de relleno (como prefieran). Muy pronto, tendremos avances sobre la que estoy montando con "Teoría del Caos", nuevas encuestas -no necesariamente en torno a la serie-, los especiales prometidos sobre Camilo, y seguimiento CONSTANTE a lo nuevo de Lost. ¿No es para emocionarse?

No hay comentarios: