Lo siento, hay un capítulo por analizar suelto ("Teoría del Caos. Parte I"), una jugosísima clase de Lengua con María José como sustituta que daría para cinco 'post' seguidos, y una prueba bastante clara de que, pese a quien pese, solo una de cada tres recomendaciones de Nuria funcionan (¿cómo pudo gustarle algo tan previsible y plano como The Contract?), pero el pasado jueves se emitieron en Estados Unidos los dos últimos capítulos de la cuarta temporada de Lost (o Perdidos, para los que prefieran quedarse con las traducciones a medias tintas de títulos tan ambiguos como el que nos ocupa), y lo mínimo que puedo hacer es dedicarle un 'post' entero, de los largos, y sin 'spoilers' considerables. ¿No es admirable?
A lo largo de las tres temporadas iniciales de la serie, hemos sido testigos de una soberbia construcción narrativa cimentada no sobre el misterio que encierra la isla a la que, por "casualidades" de la vida, los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic fueron a parar, sino sobre las decisiones personales de cada uno de los habitantes temporales de la diminuta porción de tierra que, años atrás, perteneció a los científicos de la Iniciativa Dharma. Además de esto, también hemos conocido la historia de muchos de los protagonistas a través de flash-backs situados tiempo antes de llegar a la isla, ya sea ambientándoles en su niñez o en los días previos a tomar le vuelo. Sin embargo, como suele pasar con la gran mayoría de series de misterio, hemos tenido que soportar un buen número de capítulos de relleno en los que la trama avanzaba poco o nada, y las incógnitas presentes desde la primera temporada comenzaban a apolillarse. Sin embargo, el final de la tercera temporada constituyó sin duda el ecuador de Lost. En lugar de recurrir al típico flash-back "impactante" como cierre de entrega, los guionistas echaban mano a un nuevo recurso destinado a revolucionar el resto de temporadas: el flash-forward, vistazos al futuro ambientados en el tiempo posterior al regreso de seis supervivientes de la isla. La cuarta temporada, bastante más breve que las anteriores -debido a la huelga de guionistas-, sin ser mucho más compacta que cualquiera de sus predecesoras -la tercera es enorme, amigos-, cuenta con muchos menos altibajos. De acuerdo, tenemos "Eggtown" (cap. 04) o "Something Nice Back Home" (cap. 10), pero también el porcentaje de capitulazos en una sola temporada ha aumentado considerablemente. Podríamos decir, incluso, que cada tres capítulos veíamos una pequeña maravilla. "Confirmed Dead" (cap. 02), "The Constant" (cap. 05), "The Shape of Things to Come" (cap. 09), "Cabin Fever" (cap. 11) y toda la 'season finale' de "There's No Place Like Home" (caps. 12, 13 y 14) nos han devuelto la confianza en una serie en la que muchos habían dejado de creer desde la apertura de la escotilla. Y ya ha llovido desde entonces.
El capítulo arranca inmediatamente después del flash-forward del último episodio de la temporada anterior, con Jack gritándole a Kate la necesidad de volver a la isla. Con un marco temporal situado tres años después del accidente (2007), a lo largo del capítulo nos reencontramos con el resto de supervivientes que volvieron de la isla, incluyendo a Walt. La mayoría habla de un tipo llamado Jeremy Bentham, hombre que, al parecer, los ha visitado uno por uno y, ahora, ha muerto repentinamente tras un supuesto suicidio. ¿Quién es Bentham? Tranquilos...
La acción ambientada en la isla no desmerece en absoluto del resto. Es la pura y dura 'season finale' de Lost de toda la vida, con muchas, muchas explosiones, que incluso se atreve a homenajear la frase más popular de El Mago de Oz ya en su título. Secuencias de acción muy bien rodadas (el asombroso enfrentamiento entre Sayid y Keamy), así como otras maravillosamente planificadas en el carguero, y una trama en la que, de nuevo, se impone la tremenda inventiva de los dos mejores escritores de televisión, Damon Lindelof y Carlton Cuse. Hay romance y vemos los dos besos más emocionantes de toda la serie -tal como dijeron los guionistas, mejores que cualquiera de los de Anatomía de Grey-, y también hay material suficiente para que los 'desmondófilos' en potencia nos emocionemos... lo cual no significa que haya viajes en el tiempo por su parte.
En cuanto al hombre del ataúd, el misterioso Jeremy Bentham... Quien quiera ahorrarse el tremendo mal rollo que desprende la impactante escena final, que tan solo pinche aquí, y vea la imagen más esperada de los aficionados a Lost.
Buff, y hasta Enero no llega la quinta temporada...












