miércoles, 21 de mayo de 2008

El final de "Teoría de la Conspiración", antes de lo que piensan

Soy cínico, egocéntrico, misántropo y, a veces, hasta tengo sueños en los que les demuestro científicamente que soy superior a todos ustedes, pero eso no significa que carezca de conciencia. Por ello, he decidido que, aunque la gran mayoría de las personas que me leen me parecen de lo más estúpidas, después de haber dibujado 20 cómics de seis páginas por capítulo, la histroia merece un final, y ustedes merecen leerlo.
De este modo, anuncio definitivamente que "Teoría del Caos. Parte I" ya está en marcha y, si tengo tiempo, puede que este listo para el viernes, dejando la segunda y última entrega para la semana que viene. En caso de que no consiga tenerlo preparado para el viernes, aparecerá igualmente la próxima semana, sin alterar la fecha del último episodio.
No habrá ninguna serie tras Teoría de la Conspiración. El ritmo de trabajo lo llevo fatal, y el proceso de elaboración es realmente soporífero: hacer una lista de ideas, elaborar un borrador, escribir el guión definitivo, dibujarlo, inventar una portada acorde con la tónica del episodio... Todo eso, contando con que no haya sorpresas de última hora. Hay días que he tenido un cómic preparado con antelación y he tenido que borrar viñetas debido a ciertas "novedades", e incluso volver a montar todo el cisco y reelaborarlo de nuevo. Por no hablar de lo que yo denomino "Episodios Prohibidos", capítulos enteros que no han visto la luz porque no se podían sacar así como así. Especialmente significativas las dos primeras entregas de la segunda temporada, que cuentan con versiones completamente distintas, tanto en historia como en desarrollo. No es que la calidad sea inferior, el problema está en ciertas cosas que aparecen relatadas en ellos. También hay alguno de la tercera temporada que permanece guardado en el mismo cajón, bajo llave. Muchos retrasos se deben a estos, digamos, descartes de última hora. Algún día abriré aquí un ciclo de artículos especiales en los que soltaré poco a poco las burradas que han podido florecer en mi abrupta cabeza.
Recuerden, recuerden, el próximo viernes. Y no se me amariconen, que encima que me estiro, vendrán poniendo pegas.

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