Se esperaba una noche histórica en el regreso de Extremoduro, y la banda comandada por Roberto Iniesta no defraudó. Definitivamente, el 7 de Junio de 2008 pasará a ser, para las 35.000 personas que anoche abarrotamos el Estadio Juan de la Cierva, una fecha a recordar.
La historia comienza aproximadamente a las 19:00 h. de la tarde, justo cuando Cristian llega a mi casa para partir hacia Getafe. Bauti me había llamado antes para decirme que él, Rodri, Otero, etc., ya estaban allí. Tras un tormentoso viaje de ida en el que mi padre se perdió -le sacas de Talavera y no sabe ni dónde está- y nos vimos en medio de un atasco monumental, en el cual pudimos ver a unos 'heavies' que iban cantando "Golfa" en un coche, aproximadamente a las 21:30 h. conseguimos entrar en el estadio, con unas medidas de seguridad algo ridículas. Primero nos cachearon -menudo cacheo, simplemente una tía me tocó la cintura- y después nos pidieron la entrada, y ya dentro, con el imprescindible olor a porro en el ambiente, encontramos a Bauti y al hermano de Rodri en condiciones sospechosas, a Otero muy bien acompañado por alguna que otra fémina y, por supuesto, persuadiéndonos a ver a Cëltiber en Julio, y, supuestamente, por ahí estaba Rodri, pero fue absolutamente imposible localizarle, tanto por su estatura, como porque no estaba por esa zona. Mientras tocaba Calaña -que, sin ser mi estilo, no sonaba mal-, fuimos avanzado posiciones hasta conseguir sitio en las primeras filas.
Después, el Doctor Deseo (segundo telonero) hizo acto de presencia. Aunque la gente se sabía buena parte de las canciones y el hombre es buen animador de espectáculos (llegó a subirse a uno de los laterales del escenario, bajo por una pasarela a dar la mano al público, subió a una mujer...), me pareció un coñazo supremo. Todo es cutre con ganas, desde la estética hasta el propio nombre -¡Por Dios! ¡Si Doctor Deseo parece de reggaeton!-, y las letras son, simple y llanamente, secuelas malas de canciones interpretadas por grupos mucho mejores, como el que iba a tocar después.
Una vez terminó, se hizo la espera. Los técnicos comprobaron si todo se encontraba en orden, mientras los asistentes escuchábamos canciones de Platero y Tú, La Inconsciencia de Uoho, Antisocial -y su mítica "Follar"-, Memoria de Pez o Guns 'N' Roses. Fue precisamente uno de los momentos de mayor expectación entre el público cuando la canción emblema de estos últimos, "Welcome to the Jungle", de repente se detuvo. Con ya más de veinte minutos de retraso, ¿se iba Extremoduro a dignar al fin a salir? Por supuesto, no. Lo único que ocurrió es que cambiaron el CD y empezó a sonar "Back in Black", de los enormes AC/DC. Seguimos esperando. Un tipo melenudo salió de repente a escena, para anunciar que Extremoduro comenzaría a tocar un poco más tarde porque aún quedaba gente en las puertas. Los seguratas dejaron de pedir las entradas para aligerar un poco todo -por lo cual, pudo pasar todo aquel al que le salió de los cojones hacerlo- y el lleno empezaba a hacerse insoportable. Empujones, avalanchas de gente hacia delante y hacia atrás, acabaron por desplazarnos a todos los que habíamos pillado buenas plazas por ahí delante y, finalmente, los miles de personas que intentábamos tener nuestro hueco frente a Robe nos encontramos comprimidos, sin posibilidad siquiera de mover los brazos o las piernas -pero, ¡ey!, yo aún podía mover los dedos-. Los técnicos decidieron retirar las cortinas, por algún problema con ellas. Fue sobre las 23:30 h. de la noche cuando tuvo lugar una de las grandes anécdotas de la noche, algo que pasará a los anales de la historia. A Cristian comenzó a sonarle la alarma del móvil porque debía tomar una pastilla concretamente a esa hora. Un tipo que se encontraba al lado de nosotros lo observó sorprendido y, de repente, dijo: "¡Joder, tío! ¡Anda que invitas! ¿Qué es? ¿Droga?". Tras soltar una risotada fuera de lugar, Cristian contestó: "¡No! Es una pastilla para la alergia". El hombre, decepcionado, se volvió y no volvió a mirar a Cristian en toda la noche. Pobre.
Por fin, casi a las doce de la noche, las luces se apagaron y comenzaron a sonar los primeros compases de "Deltoya". Cuando Robe comenzó a cantar y los tramos más moviditos de la canción hicieron acto de presencia, la gente se volvió completamente loca -¡incluído yo!- y empezó a saltar y gritar como borregos, tanto que escuchar a Robe se tornaba una misión harto imposible. El concierto continuó en su línea y, tras soltar un vívido "¡Buenas noches, Madrid! ¡Qué ganas tenía de veros!", el grupo comenzó a tocar algunas de sus canciones más populares, como "Sol de invierno", "Historias prohibidas" o una magnífica versión de "Golfa", extraordinariamente adaptada al directo. Como no podía ser menos, Robe, soberamente simpático y entregado, no pudo evitar gritar un par de veces "¡Cago en Dios!". Sus razones tendría. Más tarde, llegaron las canciones nuevas, de la mano de "Dulce introducción al caos", potentísima en directo y que, sorprendentemente, ya se sabe todo el mundo. A continuación, sin detenerse un segundo, comenzaron a interpretar la inédita "El sueño", tramo de La ley innata inmediatamente posterior a la susodicha introducción, que pareció gustar bastante al público y que, a su vez, nadie se sabía... menos el de siempre -sí, un servidor-, que había conseguido escucharla usando métodos un tanto clandestinos y había pillado la letra original de la mano de la persona más inverosímil del mundo -otro día hablaremos de eso-. Tras las novedades -el líder del grupo afirmó que, cuando salga el nuevo disco, lo tocarán entero-, "Buscando una luna", "Amor castúo" y "La vereda de la puerta de atrás" volvieron a enloquecer a los asistentes, completamente entregados al espectáculo ofrecido por Robe y los suyos. Con una magnífica primera parte a sus espaldas, la banda se fue al descanso tras interpretar los primeros minutos de la larguísima "Pedrá", mi favorita de Extremoduro, personalmente.
Y hasta aquí el primer tramo del concierto. Mañana, el resto. ¿Qué hicieron los miembros de la banda durante el descanso de quince o veinte minutos? ¿Tuvo Cristian más coqueteos con las drogas? ¿Nos movimos de nuestra maravillosa localización durante el parón? ¿Qué tal el setlist final? ¿Y los bises? ¿La organización fue buena o mereció que alguien les introduciera, a cada uno de ellos, un extenso palo por el culo? Todas las respuestas y más, mañana en la segunda entrega de "Igual que en los sueños", la crónica sobre el monumental concierto ofrecido por Extremoduro en Getafe. Au revoir!


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