lunes, 16 de junio de 2008

De exámenes II: La venganza

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, el caso es que esta semana tiene lugar la reválida, la nueva oportunidad -en algunos casos, enésima- para aprobar de una puñetera vez las asignaturas que, envuelto en la más monumental de las perezas, decidí dejar aplazadas para Junio, bien por imposibilidad, bien por falta de tiempo.
El caso es que, de momento, el panorama se torna desolador. Fíjense como tendrá que estar todo para que me aferre a la buena voluntad de ciertos profesores...
El hecho de que Lengua esté programada para la primera hora ya es toda una declaración de intenciones: una materia que cuesta estudiar -sobre todo cuando la profesora no ha facilitado un número de preguntas más concreto-, que cuesta poner en práctica y para la que cuesta muchísimo despertarse. Arthur Bloch decía en el libro más certero de la historia, La ley de Murphy (me río yo de La Biblia) que la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla. Amén, maestro.
Hoy lunes, ¡lunes!, me he tenido que presentar a todo, absolutamente a todo aquello sobre lo que se ha examinado. Ha sido una tarea imposible. El arrastre de cansancio y resaca de la noche de graduación convirtió en una odisea poder mirarse algo el sábado. Dormí cinco horas, pero me puse con Lengua, aunque finalmente solo pude con las primeras preguntas. El domingo continué, pero el tiempo se me echaba encima de una manera pasmosa y acabé leyéndomelo todo por encima, tras caer en lo horrorosamente frustrante que resultaba aprenderse al dedillo más de sesenta preguntas a la lo largo de todo un día y buena parte de la noche para que luego preguntase cuatro de ellas. Definitivamente, sí: el sistema falla. Lo gracioso de todo es que tenía también por ahí otros dos exámenes. Carecía de unos apuntes decentes de Educación Física, la otra gran putada del día, y Carrillo accedió a prestarme unos que había conseguido por métodos clandestinos... y que me entregó a las 23:15 h. de la noche, porque estuvo todo el día en su huerta.
Así las cosas, Cultura Clásica ni me la miré. Tenía intención de repasar los verbos y las excepciones de la primera declinación, pero fue imposible hallar un minuto para ello. Lo único que he podido volver a rememorar han sido los tres sustantivos que me ha dicho Jorge cuando salía de Lengua, que eran excepciones. Irónicamente, ha sido el examen que mejor me ha salido durante la jornada. De todos modos, siempre he pensado que C. Clásica debería tener evaluación continua, puesto que, desconociendo lo explicado en los primeros meses de curso, no se podía llevar a cabo el examen final. Como digo, el sistema falla. Los verbos los acabé dejando en blanco por desgaste mental absoluto. No era capaz de ponerme a pensar, sobre todo tras la debacle oracional del examen de Lengua, para el que había olvidado completamente que también entraba sintaxis, y, tras llevar tres semanas sin practicar, obviamente el jaleo se había desvanecido de mi cabeza. En fin, horror, pavor. El caso es que, a pesar de todo, todavía tengo esperanzas en que, aun teniendo un 4 o así en el examen, los trabajos de literatura presentados cuenten uno o medio punto cada uno y pueda llegar al cinco, que no estaría nada mal. Encomendémonos a Santa Ana María.
Tras terminar con la doble sesión en el Aula 2 -que, lo reconozco, ha acabado por producirme cierta claustrofobia, hasta que se me ha ocurrido escapar de allí aprovechando que bajaba otro curso-, me fui, tal como había acordado, a casa del maestro Carrillo, que me iba a explicar una técnica de entrenamiento para el examen de Educación Física. Me enseñó varias cosas sueltas, que se me quedaron medianamente, y Miss Tello me lo esclareció un poco en la puerta del colegio. No lo llevaba del todo mal, el caso es que una hora es completamente insuficiente para poder realizar a la perfección un examen como el exigido por José Javier. Me he quedado a medias de todo, como siempre. Dicen, aun así, que Javi suele levantar mucho el brazo en la suficiencia y, teniendo en cuenta su comprensión cuando le explicado lo rápido que se consume el tiempo y lo lento que soy pensando, tengo la esperanza de que dicha comprensión se convierta en compasión.
Resumiendo, que Cultura Clásica la he aprobado, mientras que Lengua y Educación Física son un misterio, aunque, a priori, puede ser que también, aunque dependo de segundas personas más que de mis exámenes, a los que, sin cierta ayuda, les cuesta sostenerse. Lo gracioso del asunto es que lo que está en juego ya no es el lujo de pasar todo un verano libre -hace tres años que eso no me ocurre-, sino poder conseguir plaza en un instituto que, al menos, no esté a kilómetros de mi casa. Oremos.

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