Lo sé, no tiene ni pies ni cabeza, pero mientras ultimo la vuelta de mi viejo blog de cine -sí, el bueno-, tengo que ir ensayando, de nuevo, la llamada crítica de cine, aunque sea a través de dos de los últimos títulos a los que he echado un vistazo.
Como ya conocen algunos de mis "afiliados", el viernes, mientras acontecía la Fiesta de los Institutos, esa que tan buenos recuerdos nos trae a algunos (captar sarcasmo), a siete osados nos dio por entrar a ver El Increíble Hulk, segunda adaptación para la gran pantalla del popular gigante verde "marvelita". La primera película, estrenada en 2003 y dirigida por el oscarizado Ang Lee -ni más ni menos que el asiático que se escondió tras las cámaras de Brokeback Mountain y la incomprendida Deseo, peligro- gozó de un éxito de taquilla relativo, pero no satisfizo en absoluto a buena parte de los espectadores que esperaban un 'blockbuster' de acción veraniego frente al que devorar palomitas a la par que contemplaban todo un oasis de destrucción. Lee, con Hulk, entregó una película de ¿superhéroes? completamente distinta, con un elenco de actores extrañamente poco comercial (¿tenía Eric Bana el carisma suficiente para afrontar el protagonismo de una producción de tal corte?) y un guión esquivo a las convenciones. Público y crítica echaron pestes de ella, aunque, realmente, se trata de una de las películas comerciales más interesantes de los últimos años. Pese a existir algunas irregularidades, el filme contaba con momentos de gran cine, como el enfrentamiento de La Masa con los tanques militares, la secuencia de Banner mirándose en el espejo del baño o todo el incontestable tramo final, de lo mejorcito del género. Sin embargo, se trataba tal vez de una adaptación demasiado cerebral, complicada y arriesgada en sus planteamientos, que se apartaba completamente de lo esperado. Precisamente, esas expectativas eran las que pretendía cubrir El increíble Hulk, que partía con la ventaja de poder ahorrarse la narración de los orígenes del personaje y pasar directamente a la acción, partiendo del punto en el que Banner, escondido en Brasil, busca de la posesión de sus propias -y complicadas- facultades. Sin embargo, la película ofrece lo que promete solo a ratos, puesto que el espectáculo únicamente alcanza el nivel esperado en sus asombrosos minutos finales, mientras que el resto, algo embarullado, apenas brinda sorpresas mayores que los guiños a Marvel y a la futura Avengers. De este modo, disfrutamos de momentos puntuales de calidad, como puede ser la lucha de Hulk contra las ondas de sonido, el inteligente juego de luces y sombras en el tramo final, o incluso el hilarante "coitus interruptus" sufrido por Banner (¿un gatillazo gamma?). Por lo demás, tal vez no hubiera sido mala idea escuchar las sugerencias de Edward Norton, implicado en el guión de la película y muy descontento con el montaje final, quedando demostrado que Leterrier, pese a ser un buen artesano, tiene mayores aptitudes para rodar las secuencias de acción más moviditas que para narrar la historia del personaje, que en algunos momentos adquiere carácter de galimatías. Es un digno entretenimiento, pero podía y debería haber estado mucho mejor. No está mal para ser la segunda película estrenada por Marvel Studios, pero más de uno la encontrará por debajo de la notable Iron Man, y, alguno que otro, de la obra de Lee.
Cambiando de tema, desde hace unas semanas, Cristian y yo -junto con algún invitado especial, como el eminente Carlos Carrillo- estamos realizando, en casa del primero, un ciclo desordenado de películas de Jim Carrey, ese genio incomprendido. Supuestamente, la primera película a la quie echamos mano fue Un loco a domicilio, pero el Loco de los Pelos había estado viendo antes, por su cuenta, la entrega inicial de Ace Ventura, con lo que me tocaba alcanzarle y verla yo mismo. Si bien de pequeño no estaba entre mis favoritas del gran Carrey, ahora es cuando realmente se pueden ver virtudes enormes en el conjunto. Mientras que, en su día, el estreno podía generar la misma expectación que hoy día, por ejemplo, generan producciones como Supersalidos o Virgen a los 40, Ace Ventura, un detective diferente se ha visto terriblemente beneficiada con el paso de los años, no solo porque, en los últimos tiempos, Carrey no ha tenido papeles de comedia de tal carácter, sino porque se trata de una película excelentemente ejecuatada de principio a fin. La historia, una chorrada, posee cierta originalidad; el personaje está muy bien perfilado; y la trama de misterio está muy bien resuelta. Su 'soundtrack' está situado de manera espléndida en el metraje, acentuando los momentos de mayor comicidad, y su actor principal está completamente pasado de rosca en un rol enorme que, precisamente, va de eso. El principio quizá sea lo más desconcertante de la película, pero la narración es muy regular y su inolvidable final está a la altura del resto. De lo mejorcito del canadiense, que incluso colaboró en el guión.
Madre mía, y esta noche voy a ver El incidente. ¡Qué nervios! ¡Llevaba años esperando este momento!


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